No todo es teoría de la conspiración

Los seres humanos tenemos la tendencia a creer que siempre hay una verdad que no nos quieren contar. Por alguna razón nos pensamos más inteligentes cuando logramos elucubrar teorías sobre una realidad que no nos muestran. Esa tendencia es recurrente frente a los medios de comunicación. Se cree siempre que hay dolo a la hora de informar. Razón por la cual frente a un error -a pesar de ser reconocido- se insiste en que la disculpa no vale y que existe una conspiración para dañar.

Es el caso de lo sucedido con el episodio de Noticias Caracol frente a la información errada que se entregó desde Madrid (España) sobre una falsa declaración del exgeneral chavista Hugo ‘Pollo’ Carvajal que salpicaba a Gustavo Petro.

La falsa información se entregó en la emisión del mediodía el 21 de abril por parte de una corresponsal de la alianza informativa latinoamericana a la que pertenece ese noticiero. Fue tan evidente el error que las alertas se prendieron inmediatamente por parte del servicio informativo, que en esa misma emisión unos minutos después la noticia se corrigió. Fue un craso error ¡No cabe duda! Los filtros fallaron y eso no debería sucederle a ningún medio de comunicación. Mucho menos al de mayor audiencia en Colombia. Sin embargo, los seres humanos fallamos, nos equivocamos, es parte de lo que somos.

Pero no deben olvidar las audiencias que no hay peor tortura para un periodista que errar en la información que se entrega. El único activo que tenemos es la credibilidad y episodios como este la minan. Por eso es valiosa la comunicación del director de Caracol Noticias, Juan Roberto Vargas, reconociendo el error. Porque el martirio que implica eso para un periodista es mayor.

Sin embargo, para la masa de seguidores de Gustavo Petro e incluso para algunos colegas eso no fue suficiente. Se empezó, como siempre, con la teoría de la conspiración: “Que no era verdad que la responsabilidad hubiera sido de la reportera”, “Que había sido intencional el error, que si no hubiera sido por las redes nada se hubiera dicho”, “Que esas cosas no pasan en un medio de estas dimensiones”, “Que existía la intención de dañar pero, como los pillaron, no pudieron”. Ese patrón del ser humano de estar pensando siempre que hay algún engaño detrás. La tendencia a siempre creer que no nos están diciendo la verdad.

Lastimosamente esos errores sí suceden, tristemente las cosas no funcionan de forma tan premeditada en los medios como muchas veces las audiencias creen. Eso sí, afortunadamente ponemos la cara y las campañas, como en este caso la de Petro, tienen un nombre y número de teléfono para llamar quejarse y pedir una rectificación. Esto no pasa con las redes sociales, en donde más de uno difama impunemente detrás de un falso perfil y nadie tiene la posibilidad de pedir que se corrija lo que se ha dicho ¿Cuántas mentiras no se han dicho de muchos en redes y no hay a quién decirle que corrija?

Por eso entiendo la magnitud del error, ese tipo de cosas no puede suceder. Sigo creyendo que lo mejor para el sostenimiento de una democracia y una ciudadanía bien informada es tener medios reconocidos y consolidados que hagan su trabajo lo mejor posible y reconozcan cuando se equivocan. Las redes jamás suplantaran ese activo.

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