Ningún ministro ni dirigentes del PSOE arropan a Iván Redondo en su noche del Palace

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A las presentaciones de los libros políticos van los amigos y aquellos que pueden sacar algo del protagonista. En la noche de Iván Redondo, no ha habido ni un solo ministro. Tampoco popes socialistas. Pero sí magnates de la comunicación, nacionalistas y miembros de… ¡Podemos y PP!

Pedro Sánchez no perdona. Y por ende todo lo que va de Moncloa al PSOE. Porque se ha sometido al sanchismo hasta Felipe González. Es otoño en el hotel Palace de Madrid, ¡qué pronto se marchitan los amigos en política!

Iván ya es Iván el terrible si se le mira de rojo. Le han quitado la rosa y le han dejado con el puño. Pero él está a otra cosa. Siempre paradójico, ha elegido un acto multitudinario para regresar a su hábitat natural: la oscuridad. La influencia.

Ahí estaban, mirando, Ferreras, Évole, Griso, el spin doctor de Pablo IglesiasJuanma del Olmo-, Supergarcía, los empresarios catalanes, los modernos del PP… Y si Redondo estuviera muerto, créame, lector, no estaría ninguno de ellos.

Ha empezado sólo en el escenario Raúl del Pozo. El maestro Raúl, se lo ha ganado, juega con ventaja: puede decir lo que quiera, donde quiera y sin que nadie se enfade. Pues lo ha dicho bien: esta es una noche de piratas, de conspiradores, de rasputines.

Porque hace ya cientos de años que los piratas son mucho más numerosos en los hoteles que en el mar, en el Parlamento que en las embarcaciones.

Fíjense si es pirata, Iván: se dice republicano, pero quiere dirigir la campaña pro monarquía en un hipotético referéndum contra la república. La madre y los suegros ya saben cómo es el chico. Estaban en el público, en las butacas que otro día hubieran ocupado Sánchez y su séquito.

Venganzas poéticas

Tal era el agujero socialista que Susanna Griso ha jugado con las manos a contar entre el público: el cero del PSOE frente a la presencia de PNV, ERC…

Lo ha dicho muy bien el autor de la biografía autorizada, Toni Bolaño, que ha disparado para defender a su personaje, casi como en una escena de La Casa de Papel: “Yo soy más socialista que todos los que nos ponen a parir”.

A su manera, Bolaño ha sido premonitorio con el título: Moncloa. Iván Redondo. La política o el arte de lo que no se ve. En efecto, lo que no se vio por ningún lado en la noche del Palace de Redondo fue a ningún dirigente socialista. Sus compañeros hasta hace cuatro días. O clientes, según se mire. 

Ha habido algunas venganzas poéticas por parte de Iván. Además, no ha tenido siquiera que sacar él la espada. Son circunstancias, hechos pasados. Durante algunas de las llamadas más importantes de Sánchez a Redondo, estaba delante… ¡un periodista de La Razón! El biógrafo, Bolaño. ¡A ver si sabía más entonces Bolaño que Bolaños (Félix)!

Así conoció el Bolaño periodista que Sánchez iba hacia delante con los indultos: “Pensé en ir corriendo al periódico para contarlo”. Pero no lo hizo. ¿Se imaginan? Los indultos contados en exclusiva -y descuartizados- por La Razón.

No está muerto, Iván. Dice que “se está enamorando” de otro rival al que batir. Mientras tanto, “año sabático”, que no es otra cosa que año conspirando. Al servicio de otro poder, el mediático.

Fíjense en cómo se lo sabe Iván: ha agradecido, uno a uno, a todos los que mandan en algún lugar. Y eso es la política más efectiva. Las gracias siempre se cobran alguna vez.

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