Ocho de cada 10 familias de bajos recursos redujeron sus ingresos en pandemia

Una investigación de la Facultad de Ciencias Sociales muestra el mapa de la desigualdad en la Capital provincial. El acceso a derechos se cumple de manera inequitativa entre los distintos estratos. Solo dos de cada 10 familias vulnerables cuenta con una computadora

lunes, 16 de agosto de 2021 hs

La pandemia y la crisis sanitaria sin precedentes profundizó problemáticas ya existentes, como la desigualdad estructural. Una investigación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) relevó diversos aspectos que tienen que ver con el acceso inequitativo a los derechos. Una especie de “radiografía” que determinó que los sectores de bajos recursos se encontraron con serias falencias a la hora de acceder a la educación, la salud y la información pública.

El estudio cuantitativo se denominó “Desigualdades: acceso a derechos en la ciudad de Córdoba desde una perspectiva interseccional” y relevó datos de 615 hogares de la ciudad Capital. La información fue cruzada con datos poblacionales del Censo 2010 y determinó que sólo dos de cada 10 familias que componen el Nivel Socioeconómico Bajo (NSE B) dispone de una computadora en su casa. Otro de los datos significativos es que el 80 por ciento de este estrato social redujo sus ingresos durante la crisis sanitaria.

“Decidimos encarar esta tarea en conjunto ya que muchos de nuestros equipos de investigación miran esta realidad desde distintos ángulos. Al finalizar este trabajo, que aún prevé una instancia cualitativa, esperamos dilucidar en qué situación están los hogares en Córdoba y cómo afectan las políticas públicas en la realidad de estos hogares”, explicó María Inés Peralta, decana de la facultad.

El trabajo fue desarrollado por 13 equipos de investigación que aportaron una mirada interdisciplinaria.

“Hay resultados que evidencian una desigualdad que no inició con la pandemia, sino que es previa a ésta. Los hogares de NSE B bajos evidencian desigualdades en casi todos los aspectos, como el acceso al gas y a cloacas, o la disponibilidad de teléfonos celulares y de una conexión a internet”, indicó Jacinta Burijovich, vicedecana, quien dirigió la investigación junto a Peralta y a la secretaria de Investigación, María Liliana Córdoba. La iniciativa surgió a partir de una convocatoria de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la UNC.

Según datos preliminares de la etapa cuantitativa, existen grandes diferencias en el acceso a servicios esenciales, según el estrato social. La situación más desigual se registra en lo relativo a gas natural y cloacas. Para el gas, aunque 72,7 por ciento de los hogares en promedio accede a este servicio, sólo 6,8 por ciento en el NSE Bajo puede contar con el mismo.

En el caso de las cloacas, el 48,6 por ciento de los hogares cuenta con ese servicio, pero sólo el 14,3 por ciento de las familias de sectores bajos.

Dificultades para trabajar en casa

En cuanto al acceso a la tecnología, se detectaron limitaciones de acceso a computadoras, teléfonos celulares y al servicio de internet, fundamentalmente en los hogares de NSE Bajo y Medio Bajo. Esto, sostuvieron las investigadoras, genera condiciones diferenciales muy desfavorables para el acceso a la educación y al teletrabajo en el contexto de pandemia.

“Sólo 21,1 por ciento de los hogares de NSE Bajo dispone de una computadora, mientras en el Alto alcanza al 61,2 por ciento. Y la disponibilidad de celulares es de 0,8 aparatos por persona en el NSE Bajo, mientras que en el Alto es de 1,15 por persona. El promedio de celulares por persona en todos los NSE es 0,94”, explicó Burijovich.

Educación

Los datos revelados por la estrategia de exploración mostraron que en el nivel primario la vinculación permanente de los estudiantes alcanza un porcentaje del 71,9 por ciento (en promedio).

En el NSE Bajo, hubo 56,9 por ciento de estudiantes en esa situación. El resto tuvo dificultades para sostener la continuidad educativa: 39,7 por ciento de estudiantes estuvieron vinculados de manera intermitente y 3,4 por ciento, totalmente desvinculados.

En cambio, en el nivel secundario las principales dificultades para sostener la continuidad educativa se dieron en los hogares de NSE Medio Bajo y Bajo. La vinculación permanente de las y los estudiantes alcanzó un porcentaje del 60,3 por ciento (en promedio).

En los hogares de NSE Bajo y Medio Bajo: 55,1 por ciento y 47,6 por ciento de estudiantes en esa situación. El resto tuvo dificultades para sostener la continuidad educativa: 29 por ciento y 47,6 por ciento de estudiantes, respectivamente, estuvieron vinculados de manera intermitente y 15,9 por ciento y 4,8 por ciento, respectivamente, totalmente desvinculados.

Empleo informal y endeudamiento

El trabajo es la principal fuente de ingreso de los hogares. Pero durante el relevamiento se registraron grandes desigualdades.

El trabajo formal es la principal fuente de ingresos en el 57,9 por ciento de los hogares de NSE Alto. En cambio, en el NSE Bajo alcanza al 33,8 por ciento de la población. Y el trabajo eventual (por changas) es el principal ingreso en 28,5 por ciento de los hogares del NSE Bajo. En contrapartida, sólo alcanza al 1,7 por ciento del NSE Alto y a 8,9 por ciento de los hogares en promedio.

En relación al acceso a la salud, la muestra indica una deficiente cobertura en el nivel NSE Bajo, lo cual ocasiona situaciones diferenciales. El 50 por ciento de los hogares de NSE Bajo solo cuenta con la cobertura del sistema público de salud, mientras que en el nivel alto, más del 90% cuenta además con otras coberturas.

“Detectamos distintas estrategias en los sectores para afrontar el día a día. Por un lado, el acceso al crédito, a los préstamos o a la financiación; y por el otro, el pedido de dinero a conocidos y familiares. El 36 por ciento de los estratos más bajos solicitaron préstamos en redes de familias, amigas o lugares extra bancarios. Esto vaticina dificultades en el cumplimiento de las obligaciones económicas”, determinó Peralta.

A su vez, el estudio mostró que las políticas estatales para enfrentar la situación de pandemia produjeron impactos diferenciales. Mientras que el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) tuvo mayor impacto en los hogares de NSE Bajo (59,7 por ciento), la Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) evidenció una distribución más extendida entre los distintos niveles socioeconómicos (en ningún caso superó el 10 por ciento de los hogares).

Hacia el futuro, los equipos prevén continuar las mismas líneas de investigación. A la par, se encuentran elaborando un mapeo de los distintos NSE.

“Queda claro que tiene que haber una presencia más contundente del Estado que resuelva cuestiones vinculadas al trabajo y al ingreso, que equilibren la desigualdad que se profundiza”, sostuvo Burijovich.

En la misma línea, Peralta sostuvo que “la encuesta identifica una agenda de temas prioritarios”. Y advirtió que algunos de estos puntos pasan por las “familias sobreendeudadas” y el problema de la deserción escolar en el nivel secundario. “Hay cuestiones con políticas públicas específicas y poblaciones prioritarias a las que hay que atender. La idea de la que partimos como facultad es pensar sociedades igualitarias y a su vez construirlas”, concluyó.

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