No vacunados: el tamaño importa

Córdoba ya tiene una proporción alta de población vacunada y concentra lo que falta entre los menores de 30. No hay números altos de antivacunas. El escenario frente a Delta.

miércoles, 11 de agosto de 2021 hs

Córdoba superó el 80 por ciento de la población mayor de 18 años con al menos una vacuna. Quedan sin vacunar cerca de medio millón de adultos, concentrados en su mayor parte en el rango más joven: menores de 30. Falta mucho con las segundas dosis, pero los expertos sugieren que no hay que esperar un desgranamiento muy grande entre quienes se aplicaron la primera dosis y quienes van a completar esquema.

Si tres meses atrás a algún funcionario de Salud de la provincia le decían que antes de que llegara la variante Delta tendría más del 70 por ciento de cobertura con primera dosis, firmaba y ponía el sello al pie.

La cobertura que se alcanzó ya es más alta que en muchos países occidentales, donde la inmunización es voluntaria, como Estados Unidos.

¿Hay reticencias libertarias? ¿Hay influencia de los discursos antivacunas? Un estudio de la consultora Delfos en Córdoba encontró que entre quienes aún no habían sido vacunados un mes atrás, el 11 por ciento decía que no iba a anotarse para recibir la dosis. El motivo más esgrimido: “porque no confío”, en uno de cada cuatro respuestas.

Los incentivos, con beneficios y promociones, con los que la Municipalidad de Córdoba busca completar la inscripción de jóvenes pueden ayudar a levantar el techo de la campaña. También los operativos territoriales, en centros vecinales y hasta casa por casa, que se comenzaron a hacer en barrios populares.

Es mucho más probable que realmente se llegue a dejar afuera sólo al núcleo duro antivacuna cuando no se pueda trabajar, entrar a un bar, ir a un baile o a la cancha, el paso que sigue cuando se agote la estrategia de estímulos “por las buenas”. Pero esto no se puede poner en marcha hasta no tener una dosis en la heladera para todo aquel que la reclame: no se puede hacer obligatorio ni restrictivo mientras persista un problema de escasez.

Hay una discusión ética, con dos preguntas opuestas. ¿Puede ser voluntaria una vacuna que reduce el riesgo de enfermar a otros? Y su contrario: ¿Puede ser obligatoria la aplicación de un fármaco que, aunque haya evidencias científicas, tiene todavía una autorización de uso de emergencia?

Eso no se resuelve con una perspectiva de Salud. La gestión de la pandemia es forzosamente pragmática y al final lo que importa es cuánta población queda sin barreras al contagio de las variantes actualmente predominantes o de la temida Delta.

Esa proporción de la población sin vacuna y el rango que no cubren las fórmulas (entre un 15 y un 20 por ciento), ni siquiera con dos dosis, para evitar contagios, hospitalizaciones y muertes, son la plataforma sobre la que se monta la tercera ola, como se verifica en el mundo. El tamaño importa: cuanto más chico, mejor.

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